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El deportista canario detalla su reciente expedición a la cordillera asiática, su firme postura sobre el alpinismo puro y las barreras logísticas de las agencias comerciales.

Mandy Placeres, alpinista integrante del Club Deportivo Jotaland, abordó esta primavera un desafío deportivo al intentar coronar la montaña más alta del planeta sin la ayuda de oxígeno artificial. Tras partir el 11 de abril de 2026 hacia la cordillera del Himalaya, el deportista regresó a las islas con una certificación oficial de haber alcanzado los 8.050 metros de altitud en estilo puro. En una charla reposada con el presidente del club, Jon Castellano, desgrana las vivencias de una travesía marcada por el debate ético, la alta ocupación de la ruta y una profunda conexión personal con el entorno natural.

Un viaje condicionado por la tensión internacional
La expedición comenzó con contratiempos logísticos significativos debido a la inestabilidad en Oriente Próximo. El alpinista tuvo que modificar sus itinerarios de vuelo originales, experimentando demoras considerables en la escala de Doha. Tras casi dos jornadas sin descanso adecuado, aterrizó en el aeródromo de Lukla coincidiendo con la fecha de su cumpleaños y la celebración del Año Nuevo nepalí. Desde allí, inició la aproximación a través de poblaciones tradicionales como Namche, Dingboche y Lobuche. Durante este trayecto de aclimatación, Placeres destacó la calma que transmite la cultura budista de la región, un ambiente propicio para lograr la concentración necesaria antes de adentrarse en las cotas de mayor exigencia física.

Las complicaciones técnicas y la preparación
La temporada de escalada en Asia estuvo marcada por un elevado número de permisos concedidos y una meteorología adversa prolongada. El proceso de adaptación a la altitud incluyó la ascensión al Island Peak junto a la alpinista pakistaní Shehla Sheikh, una ruta de marcado carácter técnico que se complicó debido a ráfagas de viento contundentes. Ya en las laderas del Everest, los alpinistas enfrentaron escenarios de alto riesgo. El alpinista canario detalla la caída de bloques de hielo en la cascada del Khumbu que hirieron a varios deportistas, así como una avalancha de la cual pudo resguardarse durante sus rotaciones. Su preparación para hacer frente a la escasez de oxígeno se basó en una estricta mentalización y disciplina, combinando su rutina laboral y familiar con entrenamientos matutinos.

El debate del oxígeno y las agencias comerciales
Uno de los pilares de la filosofía deportiva de Mandy Placeres es su rechazo frontal al uso de botellas de oxígeno. El alpinista argumenta que esta herramienta reduce la altitud real de forma artificial y fomenta la masificación de las cumbres al permitir el acceso a personas sin la condición física requerida. Sus convicciones provocaron desencuentros con las normativas de la agencia contratada, la cual obligaba al cumplir con el protocolo interno. Ante la prohibición de continuar rotando en altura para aclimatar su organismo, el canario optó por proseguir en solitario y sin asistencia de guías locales. De este modo, completó un periodo de cinco días de trabajo en altura hasta alcanzar el Campo 4, donde logró descansar con niveles adecuados de saturación en sangre.

El desenlace de la expedición y nuevos horizontes
A pesar de despertar en condiciones y con la motivación y fuerzas para acometer los últimos ochocientos metros de desnivel, los directores de la expedición frenaron su avance alegando faltas a las directrices de seguridad de la agencia. Placeres alcanzó la cota de los 8.050 metros e intentó negociar la continuidad de la ruta, una petición que fue rechazada de forma categórica. El integrante del Club Deportivo Jotaland vuelve a Canarias con sensaciones encontradas tras presenciar las severas consecuencias de la montaña en otros escaladores, pero se mantiene firme en su propósito de regresar de forma independiente en el futuro. Tras recuperar su condición física habitual, su planificación inmediata pasa por viajar a Rusia este mes de julio para acometer el ascenso del monte Elbrús en solitario, un proyecto dedicado a la memoria de su padre, recienteme fallecido.



