El alpinista español afronta desde Nepal un intento de ascensión sin oxígeno suplementario en una de las temporadas más concurridas del Himalaya

El Everest vuelve a situarse en el centro de la temporada de primavera en Nepal. Los últimos datos oficiales publicados por el Departamento de Turismo nepalí, con fecha de corte del 27 de abril de 2026, contabilizan 996 permisos de ascensión en el conjunto del Himalaya nepalí, repartidos entre 116 equipos y 29 montañas. De ese total, 425 permisos corresponden al Sagarmatha/Everest, que concentra por sí solo casi la mitad de los alpinistas autorizados esta primavera.

En ese escenario se encuentra el alpinista canario Mandy Placeres, actualmente en el campo base del Everest. El deportista afronta un proyecto de especial exigencia: intentar alcanzar la cumbre prescindiendo del uso de oxígeno suplementario, una decisión que reduce los márgenes fisiológicos y obliga a una gestión muy precisa de la aclimatación, los tiempos de ascenso y las ventanas meteorológicas.

Migma (mitenjisherpa) Lanka Sherpa, Mandy Placeres y Fura Sherpa

Como parte de ese proceso de preparación, Placeres regresó recientemente al campo base del Everest tras ascender al Island Peak. A su vuelta se produjo además un encuentro muy emotivo con Migma, (@mitenjisherpa) con quien compartió mesa y conversación. Durante el reencuentro, ambos intercambiaron impresiones sobre las acciones a seguir en el intento de ascensión a la cima del Everest sin oxígeno suplementario, un objetivo que exige una planificación especialmente cuidadosa en cada fase de la expedición.

La presencia española en el Everest es reducida dentro del conjunto de la temporada. La tabla por países del informe sitúa a España con cuatro permisos masculinos para el Sagarmatha (Everest), frente a los grandes contingentes de China, Estados Unidos, India o Reino Unido. En el total de montañas autorizadas esta primavera, España suma siete permisos.

Para Placeres, el reto se desarrolla así en una doble dimensión: por un lado, la presión propia de una temporada con 425 permisos en el Everest; por otro, la exigencia añadida de un ascenso planteado sin oxígeno suplementario. En una montaña cada vez más marcada por la logística, los permisos y la concentración de expediciones, el intento del alpinista canario conserva un componente deportivo especialmente exigente: depender de la aclimatación, la estrategia y la capacidad de leer la montaña en el momento justo.

 

 

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