
Adrián Guerrero y Jon Castellano participan en una jornada de aprendizaje técnico y de gestión mental guiada por la recordista nacional Débora Casimiro.
El Club Deportivo Jotaland aprovechó la jornada festiva del 30 de mayo para adentrarse en una de las disciplinas más exigentes del equilibrio en montaña: el highline. Los miembros de la entidad isleña Adrián Guerrero y Jon Castellano completaron una intensa sesión de iniciación en los escarpes del barranco de Moya. La actividad estuvo coordinada por Débora Casimiro, especialista canaria que ostenta el récord femenino de España en esta modalidad con una marca de 115 metros de longitud.
El highline trasciende el concepto del slackline convencional al trasladar la cinta elástica tensada a entornos de gran altura, como acantilados o barrancos. A pesar de la sensación de vacío, la práctica se fundamenta en rigurosos protocolos de seguridad que incluyen arneses y sistemas de anclaje redundantes que eliminan cualquier riesgo de caída libre.
La jornada comenzó en suelo firme con una descripción detallada del material específico. Tras un calentamiento orientado a activar la musculatura y las articulaciones, Casimiro dirigió un trabajo de relajación esencial. En esta disciplina, la preparación psicológica resulta tan determinante como la condición física, resultando vital aprender a gestionar los bloqueos que produce la altura.
Posteriormente, el grupo instaló una línea baja de práctica cerca del suelo. En este espacio técnico se ensayaron los movimientos básicos de acceso a la cinta, el desplazamiento en suspensión, los métodos para ponerse en pie y las maniobras correctas para regresar a la línea y descansar de forma segura tras perder el equilibrio.

Seguridad y superación sobre el vacío de Moya
La fase avanzada de la formación se trasladó a las paredes del barranco de Moya. Allí, los participantes colaboraron activamente en el montaje de una línea de 2,5 centímetros de anchura y unos 28 metros de longitud, suspendida a 12 metros sobre el fondo del cauce. La instructora realizó una demostración previa que sirvió para constatar la importancia del sistema de doble seguridad antes de dar paso a los alumnos.

Los representantes de Jotaland compartieron la experiencia junto a otros dos deportistas en un entorno de aprendizaje mutuo. La longitud de la cinta suspendida aumentó de forma notable el rebote y la oscilación, multiplicando la dificultad para encontrar el punto de estabilidad en comparación con las estructuras terrestres.
Valoraciones de los protagonistas

Jon Castellano definió la experiencia como una vivencia tan exigente como constructiva. Explicó que el esfuerzo físico y la concentración requerida son máximos, hasta el punto de que mantener el equilibrio unos segundos constituye un logro notable en los primeros intentos que difilmente se logran en las primeras sesiones.

Por su parte, Adrián Guerrero destacó la complejidad añadida que supuso la oscilación de una línea tan larga. Asimismo, valoró de manera positiva la capacidad de la instructora para transmitir los conocimientos técnicos y generar una atmósfera de confianza indispensable para afrontar el vacío con serenidad.

La jornada concluyó con la motivación compartida de continuar con los entrenamientos individuales para consolidar los fundamentos de esta disciplina.




