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Vamos a desmitificar algo que siempre genera debate cuando alguien de la Península viene a caminar por nuestras islas o cuando un canario viaja a la capital: ¿por qué en Canarias sentimos que el frío «cala» más que en Madrid?.
Parece una locura, ¿verdad? Madrid tiene fama de inviernos duros y nieve, mientras que Canarias es el «eterno verano». Pero si has estado a las tres de la mañana en la cumbre de Gran Canaria o Tenerife con el viento soplando, sabrás que ese frío tiene algo… diferente. Vamos a explicarlo de forma sencilla para que la próxima vez que salgas de ruta, no te pille por sorpresa.

No mires el termómetro, siente tu cuerpo
Lo primero que debemos entender es que el termómetro solo mide la temperatura del aire, pero lo que afecta a nuestro cuerpo es la sensación térmica. En montaña, el frío no es solo un número en el termómetro; es una batalla constante de tu cuerpo por mantener sus 37 °C vitales. Somos «motores» que generan calor y ese calor se nos escapa, principalmente, por tres causas:
Por el viento
Imagina que tu cuerpo es una estufa. En un día sin viento, el calor que desprendes calienta una finísima capa de aire que se queda pegada a tu piel, funcionando como un escudo protector natural, pero… ¿qué pasa cuando hace viento?.
El aire en movimiento actúa como un cepillo que se lleva esa capa caliente y la sustituye por aire nuevo y frío, entonces, tu cuerpo se ve forzado a gastar más combus energía metabólica una y otra vez para calentar la nueva masa de aire que acaba de impactar contra ti. Cuanto más rápido sopla el viento, más rápido se renueva ese aire y más calor pierdes.
Por ejemplo, con 5 °C reales, un viento de 40 km/h puede hacer que tu piel sienta que está a 0 °C.
Por el contacto
Si tocas algo frío o, peor aún, si tu ropa está húmeda, el calor se escapa de tu cuerpo hacia esa humedad por cinducción.
La conducción es el paso de calor por contacto directo. Es como meter un hielo en agua caliente, el agua en contacto con el hielo va perdiendo temperatura. En el aire seco (como el de Madrid), este proceso es lento porque el aire es un aislante pésimo para transmitir calor. Sin embargo, en Canarias el escenario cambia radicalmente debido al agua.
La conductividad térmica del agua es entre 25 y 30 veces superior a la del aire. Esto significa que el agua «devora» tu calor corporal a una velocidad que el aire seco no puede igualar.
Cuando tu camiseta se empapa, ya sea por el sudor que no se evapora (afección interior) o por la niebla del «mar de nubes»(afección exterior), el aire que servía de aislante entre las fibras de tu ropa es sustituido por agua. En ese momento, tu ropa deja de protegerte y se convierte en un conductor que extrae tu energía vital directamente hacia el exterior.
Por el vapor
Cuando el sudor o la lluvia se secan sobre nosotros, «roban» energía térmica para convertirse en vapor.
La evaporación es un proceso físico que consume muchísima energía (calor latente). Es el mecanismo que usa el cuerpo para enfriarse cuando hace calor, pero en condiciones de frío y humedad puede volverse en tu contra.
Cuando el agua acumulada en tu piel o ropa empieza a evaporarse, necesita energía para pasar de líquido a vapor. ¿De dónde saca esa energía? De tu propio cuerpo. Por esi hay que prestar especial atención a las paradas.
Mientras caminas, generas calor para compensar este robo. El problema viene cuando te detienes (en un avituallamiento o para descansar) con la ropa húmeda. La evaporación sigue ocurriendo, pero tu «motor» ya no produce calor extra, lo que acelera peligrosamente el riesgo de hipotermia.
¿Por qué en Madrid el frío es más llevadero?
En la Sierra de Guadarrama, el frío suele ser seco. Al haber poca humedad en el aire, este funciona como un aislante natural. Si vas bien abrigado, tu ropa mantiene cámaras de aire seco que retienen muy bien tu calor corporal. Por eso, aunque estés a -5 °C, si no hay viento y estás seco, puedes sentirte relativamente cómodo con el equipo adecuado.

La humedad es el enemigo del montañero en Canarias
Aquí es donde Canarias gana la batalla de la sensación de frío. En nuestras islas, el aire viene cargado de humedad tras recorrer miles de kilómetros sobre el Atlántico (los famosos vientos alisios).
El agua conduce el frío
El agua transmite el calor (o la falta de él) hasta 25 veces más rápido que el aire seco.
El temido «mar de nubes»
Cuando caminas por medianías (entre los 600 y 1.500 metros), te metes de lleno en una nube con una humedad del 100%. Esa niebla no solo te enfría el aire, sino que empapa tu ropa.
Ropa mojada = Nevera humana
En cuanto tu camiseta se humedece por la niebla o el sudor que no puede evaporarse (porque el aire ya está saturado de agua), pierdes el aislamiento. Tu ropa deja de protegerte y se convierte en una capa fría pegada a tu piel que te «roba» el calor a toda velocidad.

El ejemplo de la Transgrancanaria
Si hay un evento que demuestra que el frío canario no es ninguna broma, es la Transgrancanaria. Cada año, vemos cómo corredores que vienen de climas gélidos de toda Europa caen en la trampa de nuestras medianías y cumbres.
De hecho, un porcentaje alto de los abandonos en esta carrera no se deben a lesiones musculares, sino a principios de hipotermia provocados por una mala gestión del frío en los diferentes cambios de altitud.
En apenas unas horas, los corredores pasan del calor de la costa a los casi 1.700 metros de Los LLanos de La Pez. Por cada 100 metros que subes, la temperatura baja casi un grado (es lo que llamamos gradiente térmico). Si a eso le sumas que la humedad aumenta al subir, el cuerpo no tiene tiempo de adaptarse.

Consejos prácticos para no quedarte helado
Olvida el algodón
El algodón absorbe la humedad y tarda siglos en secar. Usa siempre fibras sintéticas o lana merina que gestionen bien la humedad.
El sistema de capas es sagrado
Una capa para el sudor, otra para el calor y un cortavientos/impermeable para frenar el viento y la humedad exterior.
No esperes a tener frío
En cuanto entres en zona de nubes o empiece a soplar el viento, abrígate. Si dejas que tu cuerpo se enfríe y tu ropa se humedezca, será mucho más difícil recuperar el calor.

El error más frecuente
El fallo típico es pensar que no hay tanta variación de temperatura en un espacio tan pequeño: «Si en la playa hace 22 grados, arriba no puede hacer tanto frío». En Canarias los micrclimas hacen que puedes pasar de un clima subtropical a condiciones de alta montaña en menos de una hora de coche. No te confíes por el sol de la costa; la montaña insular tiene sus propias reglas, planifica bien tu ruta.
En resumen: en Madrid el frío te muerde, pero en Canarias el frío te cala hasta los huesos.
¡Disfruta de nuestras cumbres, pero siempre con la mochila bien preparada!.




